El nuevo Fiesta veraneó en la playa

En nuestro primer viaje, el Mega Operativo se centró en el uso familiar del nuevo Fiesta KD, con el Ingeniero Cribellini, su esposa y sus dos niños viajando a las sierras cordobesas. Ahora llega el turno de los jóvenes, solteros, profesionales y con ganas de divertirse a los que apunta la estrategia de marketing del óvalo. Obviamente el destino no podía ser otro que la costa.

Al volante de este periplo nos situamos, Hernando Calaza, quien firma, y Andrés Costa, de 34 y 25 años respectivamente, una brecha de edad que permite apreciar cómo el nuevo Fiesta cubre diferentes intereses de dos personas que compartimos la pasión por las cuatro ruedas.

La salida de Buenos Aires nos tenía preparado un típico atascamiento, accidente incluido, en una de nuestras autopistas urbanas. Así, mientras uno se ocupaba de avanzar sin dañar al Fiesta, el otro comenzaba a descifrar los vericuetos del Sync, que aún estaba en Inglés. Hay que aclarar que hasta entender todas las funciones del sistema, fue muy divertido darle distintas órdenes de voz. Una vez resuelta la cuestión idiomática (manual de por medio) también hubo tiempo de jugar con las demás funciones, siempre sin distraerse del camino.

La Ruta 2 no ofreció mayores retos, excepto el cansancio que fue suplido con mate, mucha música y charla, posible gracias a la insonorización de la cabina, que no es perfecta, pero califica entre las mejores de su segmento. Salvo las zonas indicadas, prácticamente no hubo necesidad de bajar la velocidad para afrontar curvones. Ya en la Ruta 11, en el tramo que aún no es autovía, el Fiesta demostró que está calibrado para mantener el consumo contenido a velocidades legales. Al intentar un sobrepaso, el peso y la configuración del motor, piden un rebajar para aprovechar los 120 CV que se encuentran al final de tacómetro.

Hay que destacar que el auto llamó la atención de quienes nos cruzábamos, inclusive algunos, posiblemente empujados por su estilo deportivo, buscaron desafiarnos, pero en todo momento se sintió una “sana envidia”. Los espejitos auxiliares mostraron ser muy útiles en ruta, el aire acondicionado eficiente y los asientos cómodos. Al ser dos, con poco equipaje, el baúl tuvo espacio sobrante. No faltó espacio donde tirar o tener a mano monedas tickets y billetera, en cada peaje.

Ya en Pinamar y Villa Gesell la novedad del modelo y el plotteo atrajeron a curiosos, que siempre preguntan por equipamiento y precio, y se sorprendían al saber que cuenta con 7 airbags o reconocimiento de voz. En las calles costeras con arena muy profunda hubo que tener cuidado, especialmente por el voladizo delantero largo y bajo, que enseguida se posaba sobre la arena cuando las ruedas comenzaban a escarbar. El perfil medio-bajo de cubiertas chocó contra las irregularidades más marcadas, por lo que se agradeció el calibrado de suspensiones, que mantuvo el confort.

Por la noche, el Fiesta KD cumplió con su cometido de atraer, especialmente con detalles como el techo corredizo, la buena potencia del estéreo y detalles especiales como las luces de LEDs. Las chicas no se tiraban por las ventanillas para viajar con nosotros, pero no se pasa inadvertido sobre este Ford.

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