Preocupación en el sector automotriz por las trabas al comercio bilateral con Brasil

El impacto de las nuevas disposiciones del gobierno para las importaciones afectará principalmente al intercambio comercial entre Argentina y Brasil, y puntualmente al sector automotriz, que es uno de los más dinámicos.

Los controles que comenzarán a regir el 1º de febrero encendieron un nuevo foco de conflicto en las relaciones bilaterales, que se extiende desde el plano político-económico al empresario: mientras el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, Fernando Pimentel definía como “un problema permanente” el tema comercial con Argentina, desde las empresas automotrices reclaman acabar con las “tensiones” y volver a una relación fluida.

El portavoz de la preocupación empresaria -como suele hacerlo- fue el presidente de Fiat Argentina, Cristiano Rattazzi, quien pidió “rescatar el espíritu inicial del Mercosur”, como forma de recuperar la cooperación mutua entre ambos países. Tal como reflejó el sitio especializado brasileño MotorDream, “la preocupación de Fiat Argentina es justificada”, ya que la producción del grupo en este país ya se ha visto afectada por demoras en el ingreso de insumos.

Argentina es el origen de 44% de los autos extranjeros vendidos en Brasil, indica el portal, pero mientras que el total de las importaciones argentinas (de todos los sectores) representaron u$s 16.900 millones, las exportaciones fueron de u$s 22.700 millones de dólares. Es decir, Brasil tuvo un superávit de la balanza comercial con Argentina de casi u$s 6.000 millones en 2011.

Y esas son cifras que desde el gobierno de Dilma Rousseff no estarían dispuestos a resignar. Según publica hoy el diario La Nación, Pimentel advirtió que Brasil responderá a las nuevas restricciones con “medidas equivalentes”.

Desde la Federación de Industrias de São Paulo (Fiesp) calculan que las restricciones afectarían a un 17% de las exportaciones brasileñas a la Argentina. Esto a su vez pone en alerta a los industriales argentinos, que temen que esto desencadene una serie de represalias que acarrearían más trabas o impasses como los que ya ocurrieron en 2011.

“Es pronto para hablar de represalias. Pero si sentimos que no hay buena voluntad ni caminos para hallar una solución, sería normal que respondamos imponiendo restricciones“, dijo a Reuters el presidente de la Fiesp, Paulo Skaf, según cita La Nación. “No podemos quedarnos en esta inseguridad actual, donde exportadores brasileños no saben cuándo ni cuánto va a poder embarcar hacia la Argentina”, finalizó.

 

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